dimarts, 29 d’abril de 2014

April in Antwerp

divendres, 22 de febrer de 2013

Unsolicited Advice to Adolescent Girls With Crooked Teeth and Pink Hair

When your mother hits you, do not strike back. When the boys call asking your cup size, say A, hang up. When he says you gave him blue balls, sayyou’re welcome. When a girl with thick black curls who smells like bubble gum stops you in a stairwell to ask if you’re a boy, explain that you keep your hair short so she won’t have anything to grab when you head-butt her. Then head-butt her. When a guidance counselor teases you for handed-down jeans, do not turn red. When you have sex for the second time and there is no condom, do not convince yourself that screwing between layers of underwear will soak up the semen. When your geometry teacher posts a banner reading: “Learn math or go home and learn how to be a Momma,” do not take your first feminist stand by leaving the classroom. When the boy you have a crush on is sent to detention, go home. When your mother hits you, do not strike back. When the boy with the blue mohawk swallows your heart and opens his wrists, hide the knives, bleach the bathtub, pour out the vodka. Every time. When the skinhead girls jump you in a bathroom stall, swing, curse, kick, do not turn red. When a boy you think you love delivers the first black eye, use a screw driver, a beer bottle, your two good hands. When your father locks the door, break the window. When a college professor writes you poetry and whispers about your tight little ass, do not take it as a compliment, do not wait, call the Dean, call his wife. When a boy with good manners and a thirst for Budweiser proposes, say no. When your mother hits you, do not strike back. When the boys tell you how good you smell, do not doubt them, do not turn red. When your brother tells you he is gay, pretend you already know. When the girl on the subway curses you because your tee shirt reads: “I fucked your boyfriend,” assure her that it is not true. When your dog pees the rug, kiss her, apologize for being late. When he refuses to stay the night because you live in Jersey City, do not move. When he refuses to stay the night because you live in Harlem, do not move. When he refuses to stay the night because your air conditioner is broken, leave him. When he refuses to keep a toothbrush at your apartment, leave him. When you find the toothbrush you keep at his apartment hidden in the closet, leave him. Do not regret this. Do not turn red. When your mother hits you, do not strike back.

Jeanann Verlee

divendres, 4 de gener de 2013

The concert curse

There was a time (when I lived in Spain and had no money) I used to participate in every contest I came across on the Internet. Most of them were raffles to get tickets to go to concerts I was interested in. I even won some of them, and after receiving an email confirming my chance to go I realized that I had to work that day or I didn't have a way to get there. What became even more disturbing was the fact that some of the artists I refused to see started to die or have fatal accidents: Amy Winehouse was found dead in her apartment, Micah P. Hinson had a car crush, and so on. Even though I would never recognize to be superstitious in any kind of way, I even imagined myself on a possibly remote past life winning tickets to see the Beatles, not going and watching on TV how John Lennon got shot a week after; or refusing a ticket to see Joy Division and hearing about Ian Curtis suicide after a while. I promised myself not to decline any opportunity that life had to offer me (I know, it got me in a pretty intense moment of my life). After that I had to deal with some boring concerts, but it also brought me some incredible opportunities and crazy situations. Some of which I attempt to write about here.

diumenge, 6 de maig de 2012

Berlín y Alba

divendres, 20 d’abril de 2012


I want to be beautiful
I want to be cold as ice
I don't want to be a bitch
I just want to make you proud.

dimarts, 8 de novembre de 2011


Tras varios intentos frustrados de iniciar el relato de mis (segundas) dos primeras semanas viviendo en Bélgica intentaré hacerlo de la forma más amena y rápida que pueda.

Tenía la dirección de la okupa donde John me había ofrecido vivir. Había conocido a John en una de aquellas frenéticas salidas nocturnas por Barcelona y habíamos seguido viéndonos durante el año que pasó viviendo en la ciudad Condal. Aquél verano lo había pasado viajando y drogándose por los Balcanes tras haberse comprado lo que él llamó “la furgoneta de sus sueños y que llevaba años buscando” y que finalmente había encontrado en Ámsterdam. Algo realmente oscuro pasaba por la mente de John y sólo bastaban pocos minutos de conversación con él para saberlo, pero a mi me daba un poco igual todo aquello, sólo quería escapar de la vida aburrida que pronosticaba en Barcelona.

Era imposible determinar qué habitaciones estaban habitadas y cuales se habían empleado como vertedero, excepto por la inmensa habitación de John; en la que habían tres ordenadores, dos mesas repletas de decenas de cervezas, un inmenso sofá, una pantalla de televisión que abarcaba la anchura de la cama de matrimonio king size y un espacio aparentemente sagrado abarrotado de ídolos, amuletos y estatuillas imposibles de identificar. Yo elegí una habitación de unos 400 metros cuadrados con cuatro ventanales, paredes de color verde, una chimenea tapiada y algunos muebles de oficina que podía reutilizar. Inmediatamente me preguntó si quería salir de fiesta con él y su amigo Sean a lo que asentí felizmente.

Salimos unas horas más tarde, con el estómago únicamente lleno de cerveza, y visitamos unos dos o tres bares más hasta que supe que la fiesta se trataba de una rave en medio del bosque, así que teníamos que buscar a alguien que nos llevara en coche. No hace falta que diga que en todo momento se hablaba en flamenco, que se trata de holandés con un acento muy peculiar; por lo que yo no entendía nada. Antes de arrancar le pregunté a mi amigo qué estaban diciendo y me dijo:
-Acaba de decir que esta es su primera ralla después de un año porque ha sido madre. – y sonrió tiernamente.

A mí no me importaba aquello ni el hecho de viajar doblada como un periódico metida en aquél coche que desde luego era demasiado pequeño incluso para las otras cinco personas que no dejaban de beber y hablar a la vez en aquél idioma indescifrable. Siempre me había sentido atraída por personas y ambientes completamente distintos a la imagen que me había construido y la idea de una rave con toda aquella gente me excitaba demasiado como para que pudiera importarme el resto.
Conocí a una chica llamada Eva, quien debido a todo aquél entusiasmo supuso que yo quería hacérmelo con ella así que nos besamos durante un tiempo. Teníamos que llevar un bigote postizo si queríamos beber más cerveza así que Eva me pintó unos bigotes y una nariz de gato y nos tomamos algunos psicotrópicos.

Yo no podía dejar de mirar a Sean y creo que él también se había quedado atrapado en aquellos bigotes felinos aunque me daba la impresión de que era el ácido quien nos estaba atrapando un poco a todos. De pronto todo el mundo me empezó a parecer un poco grotesco y sus movimientos del todo desproporcionados, quería hacer pis pero el bosque se había quedado inundado por culpa de la lluvia. – No hay nada inundado, ves a mear y nos vamos a casa. – me dijo John. Pero yo quería que Sean viniera con nosotros, me parecía la persona más bella y tímida de toda aquella locura de fiesta y no había logrado subir la mirada más allá del suelo excepto para mirarnos a la cara en un par de ocasiones. Quería abrazarlo y tocarle el pelo, pero John no quería nada de eso, así que me metió en un coche y acabó con aquella fantasía.

Empezamos a mirar películas de animación psicodélicas y me dijo que estaban dirigidas por el mismo tío que hacía los vídeos de Frank Zappa y empezaron a darme muchísimo miedo, así que intenté dormir. Entonces llegó aquél momento en que toda mujer más o menos lista sabe lo que tiene que hacer, y es quedarse como una piedra y fingir estar en el más profundo de los sueños ante las tentativas de echar un polvo de tu compañero de cama.

La verdad es que no logré dormir absolutamente nada y tras varias horas inmóvil con una temporada entera de The Office como música de fondo decidí subir a mi nueva habitación y encender el ordenador. Mi padre me llamó por Skype y me dijo:
- Hija, tienes cara de estar flipando.

divendres, 14 d’octubre de 2011