dimecres, 16 de febrer de 2011

Testamento

Mientras rodeaba con la yema de sus dedos el borde de su copa, su madre seguía hablándole con ese tono que le hacía preguntarse cómo algunas veces esas palabras podían provocarle un dolor tan profundo y otras resbalar en sus pensamientos fugaz e impasiblemente.
En esa necesidad de decidir lo que se hace con el cuerpo de uno mismo después de la muerte, la madre pidió que, cuando llegase su hora (aunque de momento gozaba de buena salud), mantuvieran su cuerpo en el tanatorio como mínimo hasta tres días, de manera que se aseguraría el hecho de no ser enterrada en vida.
Él se pasó el resto del día deliberando la posibilidad de convertir esa última voluntad en un buen guión de cine.  

2 comentaris: