dilluns, 1 d’agost de 2011

Fitzgerald


Desde sus días de director del Harvard Crimson en la universidad, Richard Caramel había sentido deseos de escribir. Pero en su último año de estudiante se había dejado seducir por el espejismo de que algunos hombres estaban llamados a «servir» y que, al lanzarse al mundo, habían de llevar a cabo un algo impreciso pero muy ansiado que, a su vez, tendría como efecto una eterna recompensa o, al menos, la satisfacción personal de haber procurado el mayor bien posible para el mayor número posible de seres humanos.